Pastel de Chocolate
Hay recetas que no solo alimentan: te cuentan de dónde vienes. En mi casa, este era ese pastel. Mi mamá lo preparaba una y otra vez para cumpleaños, fiestas o días especiales, y siempre era un éxito absoluto. El aroma del cacao, el cardamomo y la canela llenando la cocina era la señal de que algo bueno estaba por suceder. Cuando extraño mi infancia o simplemente tengo antojo de un buen pastel de chocolate, éste es mi go-to, sin dudarlo. Y ahora, en mi cocina, lo “ayurvedicé” y lo transformé en una versión más ligera: harina integral de espelta, mejores grasas, especias digestivas… y aun así conserva el alma del original. Quienes me siguen desde hace tiempo saben que casi nunca uso huevos en los postres, porque prefiero que sean más livianos, suaves y fáciles de digerir. Pero en esta receta hice una excepción, porque lo merece: la textura queda esponjosa y húmeda, como la recuerdo de niña. Este fue también el pastel que preparé para el segundo cumpleaños de mi hijo, un gesto pequeño que une generaciones: la receta de mi mamá, adaptada por mí, compartida ahora con él… y contigo. En cuanto al frosting o cobertura, te soy honesta: no recomiendo combinarlo con la buttercream de tahini que tenemos en la membresía. Para este pastel, menos es más: disfrútalo sin topping o simplemente añade un poco de chocolate oscuro derretido, o una capita fina de crema de coco sólida. Es un pastel profundo, aromático y suave; especiado sin ser intenso; dulce sin ser empalagoso. Un pastel para celebrar, reconectar y, como siempre comer para sanar.
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